HC Marbella, ¿Por qué no se me quita la tos? Cuando preocuparse y qué puede haber detrás
El Dr. Santiago Jiménez, neumólogo de HC Marbella, explica por qué la tos puede prolongarse durante semanas, qué causas pueden estar detrás y cuándo conviene acudir al especialista.

El resfriado ya ha pasado, pero la tos sigue ahí. A veces aparece al hablar, al reír o al respirar aire frío. Pasan las semanas y, aunque nos encontramos bien, seguimos tosiendo.
Es una situación bastante habitual que plantea muchas dudas. ¿Es normal que dure tanto? ¿Puede ser síntoma de alguna enfermedad? ¿Hay que tomar algo para que desaparezca?
El Dr. Santiago Jiménez, especialista en Neumología de HC Marbella, nos ayuda a entender por qué ocurre y en qué casos es necesario estudiarla.
Doctor, ¿es normal seguir tosiendo varias semanas después de un resfriado?
Sí, puede ocurrir. La tos es un mecanismo de defensa que ayuda a mantener despejadas las vías respiratorias y, después de un resfriado, puede tardar semanas en desaparecer.
En adultos hablamos de tos aguda cuando dura menos de tres semanas, subaguda cuando se prolonga entre tres y ocho, y crónica cuando supera las ocho semanas.
Pero esto no significa que haya que esperar dos meses para acudir al médico. Si la tos empeora, aparecen otros síntomas o nos impide hacer nuestra vida con normalidad, conviene consultar antes.
¿Y por qué seguimos tosiendo si ya no estamos enfermos?
Porque, aunque la infección haya desaparecido, las vías respiratorias pueden seguir irritadas. Se quedan más sensibles de lo habitual y reaccionan ante estímulos que normalmente no nos harían toser.
Es algo parecido a una alarma que se queda demasiado sensible después de haberse activado.
También puede seguir produciéndose más moco de lo normal y costar un poco más eliminarlo. Es lo que llamamos tos postinfecciosa, que generalmente va desapareciendo poco a poco.
Seguir tosiendo no quiere decir que sigamos teniendo una infección ni que necesitemos antibióticos.
Cuando la tos se alarga demasiado, ¿qué puede haber detrás?
Hay varias posibilidades. Si aparece después de un catarro, lo más frecuente es que sea una tos postinfecciosa. Pero cuando se prolonga durante más tiempo, tenemos que valorar otras causas.
Por ejemplo, el asma, algunas inflamaciones de los bronquios o problemas de la nariz y los senos paranasales. El reflujo también puede influir en determinados pacientes.
Además, hay que tener en cuenta el tabaco, la exposición al polvo o a otras sustancias irritantes e incluso algunos medicamentos para la tensión arterial, que pueden provocar tos.
A veces no encontramos una sola causa, sino varias. También hay personas que desarrollan una sensibilidad exagerada del reflejo de la tos y empiezan a toser simplemente al hablar, reír o notar un perfume.
Por eso es importante estudiar cada caso. No existe un tratamiento que sirva para todas las toses.

¿Qué síntomas deberían hacernos pensar que la tos necesita una valoración médica?
Hay que prestar atención a cómo evoluciona y, sobre todo, a si aparecen otros síntomas.
Por ejemplo, si hay sangre al toser, falta de aire, fiebre que no desaparece, pérdida de peso sin motivo aparente, dificultad para tragar o una ronquera persistente.
Cuando existe una dificultad importante para respirar, dolor fuerte en el pecho o se expulsa una cantidad significativa de sangre, hay que acudir a urgencias.
También aconsejamos consultar si después de tres o cuatro semanas la tos no mejora. Y si supera las ocho semanas, debemos estudiarla.
En las personas fumadoras, además, cualquier cambio en su tos habitual merece atención. No todo tiene por qué deberse al tabaco.
¿Cómo se averigua qué está provocando esa tos?
Lo primero es hablar con el paciente. Saber desde cuándo tiene tos, si expulsa flemas, cuándo aparece, qué cosas la empeoran o si nota algún otro síntoma.
También revisamos los medicamentos que toma, si fuma y si está expuesto a polvo o sustancias irritantes, tanto en casa como en el trabajo.
En una tos crónica, normalmente empezamos con una radiografía de tórax y una espirometría, una prueba que nos permite comprobar cómo sale el aire de los pulmones.
Según lo que encontremos, podemos solicitar análisis u otras pruebas para detectar determinados tipos de inflamación de los bronquios.
El TAC o la broncoscopia se utilizan en casos concretos. No hace falta hacer todas las pruebas a todos los pacientes.
Mucha gente empieza tomando un jarabe o incluso antibióticos. ¿Es lo adecuado?
No necesariamente. Muchas toses aparecen por infecciones causadas por virus, y los antibióticos no sirven para tratarlas.
Que llevemos varias semanas tosiendo tampoco significa que necesitemos un antibiótico.
En cuanto a los jarabes, pueden tener un beneficio limitado y no funcionan para todas las causas.
Lo que debemos hacer es averiguar por qué continúa la tos y tratar ese problema.
¿Y si las pruebas salen bien, pero la persona sigue tosiendo? ¿Puede ser algo nervioso?
No tiene por qué. Que las pruebas sean normales no significa que la tos sea imaginaria.
Hay pacientes que tienen el reflejo de la tos demasiado sensible. Cosas tan sencillas como hablar o reír pueden hacerles toser continuamente.
Y esto puede llegar a afectar bastante a su vida. Hay personas que no descansan bien, que tienen dificultades en el trabajo o que ven condicionadas sus relaciones personales.
Si la tos continúa después de estudiar y tratar las posibles causas, existen tratamientos y técnicas específicas para intentar controlarla.
Lo que no debemos hacer es quitarle importancia porque las primeras pruebas hayan salido normales.
Para terminar, ¿qué le diría a alguien que lleva semanas tosiendo y piensa que ya se le pasará?
Que se fije en cómo evoluciona. Si después de tres o cuatro semanas no mejora, si va a peor o aparecen otros síntomas, es conveniente consultar.
Y si lleva más de ocho semanas, hay que estudiar qué está pasando.
No todas las toses son iguales. Lo importante es saber qué las está provocando para poder tratarlas correctamente.
Una tos que se prolonga durante semanas no siempre es motivo de preocupación, pero tampoco conviene acostumbrarse a ella. Si no mejora o empieza a afectar al descanso y a la vida diaria, una consulta con el neumólogo puede ayudar a identificar su causa y encontrar el tratamiento más adecuado.
